EXPOSICIÓN: Henry Klumb y la exuberancia poética en la arquitectura




Henry Klumb y la exuberancia poética en la arquitectura 
Museo de Arte de Puerto Rico, octubre 2004 a febrero 2005 

Puerto Rico ha recibido múltiples arquitectos del extranjero –entre los que se pueden destacar Antonin Nechodoma, Adrian Finlayson y William Schimmelpfennig– que han contribuido al desarrollo de su arquitectura durante la primera mitad del siglo XX. Durante la Segunda Guerra Mundial, una segunda ola de arquitectos emigró a Puerto Rico; con ellos, el alemán Heinrich Klumb (1905-1984) –Henry Klumb, como se le conoció en América–, nacido y educado en Colonia, Alemania. 


En 1927, emigró a Estados Unidos en busca de una arquitectura que, según él, gozara de “exuberancia poética”. Poesía que lo llevó a vivir una complicada y apasionada estadía en aquel Xanadú estadounidense –Taliesin– bajo la tutela del arquitecto Frank Lloyd Wright; un periplo por varias ciudades del continente en busca de su Pegaso, y una invitación a Puerto Rico por el Gobernador Rexford G. Tugwell. 
En la Isla, Klumb encontró su vocación: un ineludible compromiso con la “condición” puertorriqueña por medio de una arquitectura que re-presentaba la cara material de la “revolución pacífica”, durante las décadas de los cuarenta y los cincuenta. Durante veinte años –de 1946 a 1966–, Klumb fungió como único arquitecto de la Universidad de Puerto Rico que, como un libro abierto, se convierte en un verdadero laboratorio de investigación de la arquitectura. De igual manera, su aportación a la arquitectura en el trópico puertorriqueño –tanto religiosa, residencial y comercial como industrial– evidencia el desarrollo de la Isla, durante cuatro décadas, de una economía agraria a otra, industrial. Su contribución al desarrollo de la arquitectura moderna en Puerto Rico es fundamental. Su búsqueda lo llevó a enunciar varios conceptos de vida, entre éstos: 
· la “exuberancia poética y espiritual de la arquitectura”; · “el pasado se respeta, el presente se vive en reflexión y el futuro es una proyección de nuestras esperanzas”; 
· el Life Core (la Médula de Vida), o la relación entre el espacio servidor y el servido; · el “ser humano como medida de todo”; 
· la “energía creativa”, que permite al ser humano crear las condiciones propicias para elevarse por encima de la “irremediable vulgaridad de la realidad”. 
Durante cuarenta años Klumb buscó valores superiores en la arquitectura y, como alquimista que conjura la materia para que surja desde lo inmaterial, le dio forma en su obra al entusiasmo que embriagaba al Puerto Rico que emergía de la posguerra. La obra de Klumb merece no sólo trascender los límites de Puerto Rico por ser una aportación importante a la arquitectura del Movimiento Moderno, sino que también debe generar una reflexión sobre el buen vivir en el trópico.