LIBRO: Hispanofilia. Arquitectura y vida en Puerto Rico, 1900-1950


Hispanofilia: Arquitectura y vida en Puerto Rico (1900‑1950)/ Hispanophilia: Architecture and life in Puerto Rico (1900-1950).
Enrique Vivoni Farage, Silvia Alvarez Curbelo, eds.
San Juan: Editorial de la UPR y AACUPR, 1998, 366 pp.

Reseña por: Carmen Dolores Hernández


La hispanofilia -o amor y aprecio por lo español- ha sido una constante más o menos aparente en la constitución  cultural puertorriqueña durante este siglo. Dada nuestra condición  colonial respecto a un imperio que suplantó abruptamente el dominio de otro, interrumpiendo de paso un proceso de formación de una conciencia culturalmente  autónoma  que hubiera podido impulsar la definición jurídica de nuestra isla como nación, resulta comprensible -aunque quizás no conveniente- esa  vuelta atrás.



   El hecho de que en la expresión cultural puertorriqueña la hispanofilia  no fuera una reacción automática, ni siquiera instantánea (los recuentos de lo sucedido tras la invasión así lo atestiguan), sino más bien una estrategia  desarrollada  conscientemente  décadas  después del cambio de soberanía, provee un indicio respecto a su lugar dentro de nuestro perfil cultural. Tras la sorpresiva (para quienes creían que la retórica de la Gran República era universalmente aplicable) inferiorización política de los puertorriqueños por el nuevo imperio; tras el intento sistematizado desde la  primera década del siglo de sustituir su idioma de enseñanza por otro; tras la continuada invisibilización de sus reclamos de mayor representatividad, hubo una reacción entre la nueva clase de los intelectuales  y entre un sector político puertorriqueño contra lo norteamericano. Gracias a numerosas circunstancias coyunturales -paradójicas  algunas, por habernos llegado precisamente por vía de los Estados Unidos-lo español se consideró como un recurso de legitimación  al reclamo de diferencia  y un apoyo del rechazo hacia la cultura anglosajana que se fue afianzando a lo largo de ese primer tercio de siglo.

   Este libro, en edición bilingüe y bellisima, reúne diez ensayos, que amplian el contexto de la hispanofilia puertorriqueña, poniendo de relieve sus paradójicas raíces y sus manifestaciones en la arquitectura. Es una mirada analítica  sobre una condición cultural mucho más compleja de lo que se suele reconocer. El énfasis arquitectónico abre un campo prometedor para más estudios e indagaciones. En conjunto, además, estos ensayos representan un hito importante en el camino al enfrentamiento de la consciencia puertorriqueña consigo misma y en la búsqueda de un centro y de un apoyo en su mismo interior (sin necesidad de validaciones foráneas) desde donde podamos apreciar la trayectoria del pasado y llevar a cabo las transacciones culturales necesarias para nuestros fines colectivos.

   Un umbral a cargo de Rafael  E.J. Iglesia nos sitúa de inicio y apropiadamente ante el valor simbólico de la arquitectura, de toda arquitectura, pero especialmente de la del “revival” o uso del lenguaje arquitectónico del pasado en el presente y de su capacidad para conjugar espíritu y entorno, espacio y temporalidad. A esto le siguen varios “espacios” de investigación: Rafael A. Crespo escribe sobre el “revival” español en la Florida; Jorge Rigau nos ofrece un excelente enfoque comparatista de la arquitectura (sobre todo la residencial) en las tres Antillas hispanas y EnriqueVivoni Farage se adentra en la significación del “revival" español para Puerto Rico, enfocando sobre uno de sus practicantes más connotados, el arquitecto Pedro Adolfo de Castro y Besosa  y ofreciéndonos claves importantes para desentrañar sus sig nificados. Considera la popularización de ese estilo desde una perspectiva doble. Por una parte, desde la óptica norteamericana, se trataba de redefinir la relación con los países latinos del sur desde una posición tanto de poder como de familiaridad con formas que les eran afines. Por otra parte, la manera en que Puerto Rico recibió esos influjos arquitectónicos no se ajustó a esa visión. El “revival" dio pie más bien para una posición justamente contraria de parte de un cierto sector de la élite puertorriqueña.

   Lejos de interpretarse el estilo como prueba de la hegemonía  norteamericana que había incorporado las formas del vencido, se tomaron éstas como referencias a una cultura “madre” que apoyaba las diferencias cada vez más patentes  respecto a lo nortemericano. Vivoni subraya el haz de paradojas y contradicciones que supone esta doble visión reflejo, a su vez, de la dualidad existente en la sociedad  puertorriqueña.

   Dos ensayos, uno de María Luisa Moreno y el otro de Silvia Alvarez Curbelo y Enrique Vivón Farage, estudian obras arquitectónicas muy diferentes: la primera enfoca sobre la planificación del campus de la UPR y la construcción de muchos de sus edificios; los segundos sobre la trayectoria  que -ligada a las luchas por la hegemonía en el azúcar ante la incursión masiva de los norteamericanos en ese cultivo- llevó a la construcción de la casa de los Cabassa en Ponce.

   Moreno estudia la planta física de la UPR, sus edificios e instalaciones como un microcosmos urbano que no sólo establece  simbolismos significativos sino que representa la amalgama de conceptos importados y locales operante en el momento de su construcción. Concentrando en tres períodos -1909-12; 1925-27 y 1936-39- que son claves tanto para  la conformación del aspecto físico como para la dilucidación conceptual de la misión de la universidad, la autora traza los      cambios y variaciones en ambos campos. Tales alternancias se deben ya a las diferencias de enfoque entre norteamericanos y puertorriqueños, ya a las nuevas sintonías con lo hispánico o a las tensiones entre trádición e inovación, el centro y la periferia. Un detalle nos pareció muy significativo dentro de este admirable recuento de pugnas estilisticas: el hecho de que apareciera "una tenue contra-corriente estilística" en dos estructuras, las glorietas (la glorieta Veve y la Fabián, aún existentes) que fueron pensadas inicialmente como temporeras. En su construcción prevalecieron elementos de la arquitectura criolla.

En una última sección los ensayos de Angel Quintero Rivera, Malena Rodriguez Castro y Eliseo Colón Zayas amplían las resonancias de los anteriores. Quintero Rivera en­foca sobre la religiosidad popular y Colón Zayas sobre las implicaciones que tuvo la hispanofilia en las pretensiones sociales de un sector de la población puertorriqueña. El excelente trabajo de Malena Rodríguez Castro, una síntesis de la génesis de la hispanofilia puertorriqueña y los elementos que ayudaron a conformar su perfil, trae también a colación la trayectoria del pensamiento cubano al réspecto. Debió haber sido umbral del libro, junto al texto de Iglesias.